Es una pregunta que merece una respuesta desarrollada. Si nos atenemos a su etimología Yoga significa unión. Unión con lo Divino.
Para Patanjali, autor de los famosos Yogasutras, es la “detención de las oscilaciones de la mente”. Cuando la mente se aquieta, tu verdadera naturaleza sale a flote.
Para el gran yogui Sri Aurobindo, es despertar las diferentes potencialidades que habitan en ti, para apartar la ignorancia y realizar lo Divino.
Sin embargo en Occidente la idea popular de yoga es un conjunto de posturas para ejercitar y mejorar tu cuerpo.
Como puedes ver, la definición de yoga varía enormemente entre lo que se concibe en la India o en Occidente.
Esto es así porque nuestra cultura Occidental está volcada en el cuidado del cuerpo. Los parámetros culturales de belleza están orientados a estar “fit”. Y está bien, uno va a clase de yoga, ejercita su cuerpo con posturas, lo tonifica, y sale más relajado y sin estrés. Si eso es lo que buscas y necesitas es fantástico, porque funciona. Para una cultura que nos tiene acostumbrados a vivir a grandes velocidades es un remedio excelente, y no es de extrañar que su popularidad haya crecido exponencialmente en las últimas décadas.
Sin embargo se deja muchas cosas en el tintero, y esto hay que explicarlo, ya que hace que se tergiverse el sentido original de la práctica. Hasta tal punto es así que el propio término Yoga no refleja su sentido, se ha deformado su significado y alcance.
Así que debemos decir que Yoga es mucho más que asanas (posturas).
Afortunadamente, muchas de las herramientas que ofrece el yoga, como puede ser la meditación o el pranayama (ejercicios respiratorios), se están popularizando poco a poco, ya que son técnicas de sobrada eficacia. Vippasana o Mindfullnes son términos que ya comienzan a sonar familiares para el colectivo.
Obligan a mirar adentro, en vez de afuera, uno gira la mirada al interior. Y como decía Carl Gustav Jüng: “Quien mira hacia fuera sueña; quien mira hacia adentro, despierta”.
Y es que tenemos que decir que el Yoga es mucho más que un estilo de vida. Es una práctica que promete aminorar el sufrimiento en nuestra vida, y revelar un verdadero sentido a tu existencia. Porque ese es el punto de partida, al igual que todas las tradiciones espirituales orientales. Es la verdad de Buda, “yo sufro”, y quiero y puedo dejar sufrir aquí y ahora. No es un discurso, ni un credo, es una práctica. Ningún filósofo como Descartes o Kant, ni ningún científico, te va a decir dónde estás, y mucho menos a dónde te diriges.
Pregúntate qué es lo que buscas, qué es lo que necesitas, de qué tienes sed. Si lo que quieres es tener un cuerpo ligero, flexible y tonificado, ir a clase y liberar tu estrés, tu opción es clara y eso es fantástico.
Ahora bien, has de saber, que la práctica genuina del yoga, es un billete de avión que puede llevarte mucho más lejos, que la transformación y crecimiento que experimentas está mucho más allá de lo que comúnmente se conoce.
Om Shanti.
La meditación es importante porque es necesario aprender a controlar la mente.
La mayor parte de la vida humana se desarrolla en la esfera psicológica.
Uno de los grandes males que acechan nuestro tiempo es el de la salud mental. Tanto es así que la primera causa de muerte no natural es el suicidio.
En la escuela te enseñan un montón de asignaturas pero no te enseñan el funcionamiento y el manejo de la mente. Deberían preparar a los estudiantes para la meditación.
Para los adultos el diagnóstico es el mismo, pues la cultura de nuestro tiempo no ayuda demasiado, te empujan a vivir aceleradamente como si la vida se tratase de una montaña rusa, todo se mueve a velocidades vertiginosas y se traduce en fatiga, ansiedad, depresión, falta de sueño, ausencia de descanso, malos hábitos, adicciones...
Es por eso que hay un ejercito de psicólogos intentando contener la neurosis de la población.
La etimología de psiquiatría proviene de “medicina del alma”, tampoco parece que los psiquiatras hayan dado con la tecla adecuada si lo que intentan es hacer honor a su propio nombre.
La medicación se ha vuelto la base del paradigma psiquiátrico de nuestro tiempo, y aunque en algunos casos las pastillas pueden dar un empujón y ayudar con determinados capítulos, tampoco parece que hayan encontrado la solución al problema si echamos un vistazo al panorama.
La mente es lo que caracteriza al animal humano, somos seres racionales decía Aristóteles, pero se puede volver en nuestra contra si no le damos el cuidado que requiere.
Todo pasa por la mente, porque vivimos principalmente en el torrente psicomental, pensamientos y emociones abarcan la esfera psicológica y aunque esto está ampliamente reconocido sigue sin enseñarse meditación como asignatura obligatoria.
El resultado es el que vemos cada día, en nosotros mismos, nuestros familiares, amigos, vecinos, conocidos o desconocidos. Por eso entre las conversaciones más comunes siempre sale frases como “el mundo se está volviendo loco”, “la gente está fatal” y cosas por el estilo.
La meditación es una práctica, no una filosofía, si no fuese así bastaría la filosofía y no necesitaríamos del yoga.
Tiene un mecanismo interno muy bien dibujado, y exige un esfuerzo inicial notable para su preparación.
Si alguna vez te han dicho que la meditación es maravillosa, supongo que están obviando las primeras semanas de aprendizaje, donde calmar al caballo galopante de la mente no resulta sencillo.
Aún así el yoga ofrece poderosas herramientas para despejar el camino y hacer el esfuerzo más liviano.
Aunque en nuestra cultura vinculamos el yoga con las posturas, la realidad es que el yoga trabaja mucho más con la mente que con las posturas, y aunque ambas se retroalimentan estupendamente, ellos escribieron mucho más sobre el funcionamiento de la mente que sobre el cuerpo humano.
Si lográsemos introducir una educación de la mente, tanto en las aulas como en nuestras vidas, su impacto positivo sería difícil de describir y cuantificar. La esfera psicológica abarca tantos aspectos de la vida humana, que su beneficio para uno mismo y la sociedad cambiaría de forma radical nuestra forma de tratar con el mundo.
Om Shanti.